LA MEJOR FIESTA DEL AÑO
Me encontraba en el super cuando recibí un mensaje por mi móvil invitándome a una fiesta en casa de un amigo. La verdad es que estaba un poco cansado y había decidido dormir temprano para recuperarme. Sin embargo, y gracias a la insistencia de mi novia, acepté la invitación y me preparé para salir.
Rumbo a la casa de Jorge iba pensando en un buen pretexto para salirme pronto de ahí y no desvelarme nuevamente. Al otro día tenía una junta con un cliente y quería estar listo para ella. Cuando se trata de buscar excusas yo soy bastante creativo y ya estaba casi lista la de esa noche. Para que pudiera resultar creíble, era necesario que mi novia no supiera nada. Así que en una parada de última hora, le hablé a mi hermano para que me enviara un mensaje y así poder salirnos temprano.
Ya pasaban las 8:00 pm cuando llegamos a la fiesta. El ambiente se veía bastante bueno. La casa tenía una hermosa terraza y la había adornado con grandes esferas de luz que colgaban por todo el jardín. La música me obligaba a moverme y la barra de comida se veía muy apetitosa.
Inmediatamente nos recibieron con una copa de vino y nos llevaron con un grupo de amigos que no había visto recientemente. Así empezó la charla, llena de grandes anécdotas, chistes y recuerdos que me hacían revivir buenos tiempos. Yo sabía que el tiempo en la fiesta estaba contado ¡y me empezaba a arrepentir de mi propio plan!
Cerca de las 11 pm Laura recibió un mensaje avisando que era muy importante que regresáramos a casa y que no se habían podido comunicar conmigo –este era parte del plan, por lo que yo había apagado mi móvil-. En ese momento Laura me avisó un poco preocupada, pero la realidad era que yo ya no me quería salir de ahí. Le dije que se calmara y que yo hablaría para ver de qué se trataba. Me retiré por un momento pues había mucho ruido y le hablé a mi hermano para comunicarle mi nueva decisión: ¡No me iba a ir de esa fiesta, pasara lo que pasara! Regresé con Laura y le dije que ya lo había resuelto y que no era necesaria mi presencia. Realmente estaba disfrutando del momento. Me sentía muy contento, relajado, libre. Esa era la mejor fiesta del año, y estaba dispuesto a quedarme ahí.
Dos horas más tarde, algunos amigos comenzaron a retirarse. Otros ya con unas copas encima habían decidido tumbarse en el pasto y reposar. El volumen de la música era bajo y el ambiente estaba más tranquilo. Yo no quería que eso terminara y buscaba animar a mis compañeros para continuar la charla. Pero la gente se iba, la fiesta se estaba acabando y yo no podía hacer nada para evitarlo.
Esta escena me hizo reflexionar. ¿Cuántas veces hemos vivido algo que no quisiéramos que se acabe?, una relación de pareja, vivir en casa de los padres, que un hijo fuera siempre un niño. Pero no hay nada que hacer, por más tiempo que nos quedemos con nuestra pareja, cuando la relación ya no funciona es tiempo de dejarla ir. A determinada edad es más sano independizarse y dejar la casa de los padres. Nuestro hijo sigue creciendo y algún día dejará de ser un niño. No hay nada que hacer para prolongar la fiesta; es tiempo de acabar con esa etapa de nuestra vida.
Y tú, ¿cómo te encuentras?, ¿hay alguna situación en tu vida que te resistes a dejar?, ¿aún no te has dado cuenta de que “la fiesta ya se terminó”? Hagamos una revisión y cerremos aquellas etapas de nuestra vida que ya se han acabado pues si insistes en permanecer en ella más tiempo del necesario, pierdes la alegría y la oportunidad de abrir una nueva. No podemos estar en el presente añorando el pasado, preguntándonos porqué y buscando un “si hubiera…”. El pasado no se te puede devolver, hay que dejarlo ir: destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, romper papeles, tirar documentos y vender o regalar libros. Pues los cambios externos pueden simbolizar procesos internos superados.
La vida es un constante presente, lleno de vitalidad, de espontaneidad, un regalo que hay que tomar con gratitud y esperanza.
Buddhisathyprem


